El callejón de los graffitis. Keith Haring y Constantino Cavafis

maria bilbao

El plan era visitar la Tabakalera, el centro cultural recién inaugurado en la ciudad de San Sebastián. Por el camino pasé al lado de un callejón sin salida, situado cerca de la Tabakalera y enfrente de un bosque de árboles muy hermosos. Era el mediodía y sólo se oía el silencio, entrecortado por el canto de los pájaros. Fue una sorpresa escondida en un estrecho callejón entre dos edificios cuyos muros lo limitaban a todo lo largo. Los graffitis aparecieron en una cinta corrida con una sucesión de temas y estilos pictóricos, como un relato de diferentes historias creadas por varios artistas que habían tratado el muro con mimo. En una de las paredes habían colocado unos carteles donde se anunciaban clases de dibujo, pintura y teatro. El callejón era la tarjeta de presentación, la invitación para asistir a esos talleres.

Cada fragmento del mural era diferente, así uno mostraba…

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